Las princesas delicadas (Parte 2)

En el castillo reinaba la seriedad y el lamento. Los súbditos del Rey, lloraban a escondidas por la perdida de la cordura de su soberano, eran días muy tristes aquellos.

Un día muy soleado en el que los pajarillos obsequiaban a las gentes con cantos preciosos, los cascos de un caballo retumbaron por el camino de entrada de palacio.
Un caballero alto y rubio se acercaba a las puertas de entrada, llamando con urgencia en ellas.

Le dieron paso y la Reina Marigold le atendió, puesto que su esposo no se encontraba del todo bien.

El caballero tenía unas noticias verdaderamente buenas, para la tranquilidad de los reyes, había descubierto un antídoto para la delicadeza de sus princesas.

La Reina estallando de júbilo, fue en busca de su marido y juntos oyeron la historia que aquel hombre les contaba.

En un lado de las montañas del norte del reino, había un pantano, que contaba con la leyenda de ser habitado por un terrible monstruo, pero como nadie se había atrevido a llegar hasta allí, no se podía saber con exactitud, y los pocos que lo habían intentado no tuvieron regreso, haciendo con esto que nadie mas lo intentara.

El caballero contó que dentro de aquel lago había una planta, que daba fortaleza a quien comiera de sus pétalos, una flor de color negro y tallo rojo, preciosa, pero muy peligrosa, puesto que si se tocaba su tallo con las manos desnudas, quedabas envenenado, ocasionando la muerte después de unos meses de enfermedad.

El Rey Olías, hizo correr la voz por todo su reino, y por reinos vecinos también, que se presentaran los hombres mas fuertes y valientes, para ir en busca de tan preciada medicina.

En recompensa a tamaña demostración de valor y coraje, el Rey ofrecería la mano en matrimonio de sus hijas. Este dato hizo que muchos caballeros se acercaran a palacio, para ofrecerse en cumplimiento a esta tarea.

Pero el Rey Olias, no encontraba a ningún caballero del todo idóneo, y después de unos días los reyes empezaron a estar algo desilusionados.

Muchos hidalgos habían iniciado por cuenta propia, la misión de encontrar la valiosa flor, pero sin ningún éxito e de decir.

Al cabo de dos meses de búsqueda, se postraron en presencia de los Reyes, tres hermanos, los príncipes hijos del Rey Abuel, que tenían su reino no muy lejos de allí.

En verdad eran unos nobles bien parecidos, el mayor se llamaba Dorfhin, y era muy apuesto y gentil, el mediano tenia por nombre Ernest, y era un muchacho muy risueño y valiente donde los hubiese, y por ultimo pero no menos importante, se trataba de Gabriel, el mas leal y bondadoso de todos los hombres.

Al rey le parecieron unos candidatos perfectos para el trabajo y ofreciéndoles los caballos más rápidos y las armas más efectivas, los despidió, dándoles ánimos y apoyo.

Los tres príncipes galoparon con rapidez, hasta llegar al misterioso pantano, y cual fue su sorpresa cuando vieron a una serpiente enorme, emerger de las aguas cenagosas, tenia el cuerpo lleno de escamas y una gran boca, plagada de dientes afilados.

Blandiendo sus espadas lucharon contra la serpiente, en una batalla encarnizada, en la que el pobre Ernest resulto herido en un brazo, pero después de varias horas en la batalla, los príncipes acabaron con el monstruo y le dieron muerte.

Gabriel el mas pequeño de los hermanos, se adentro en las negras aguas del pantano y después de unos minutos para sus hermanos eternos, emergió con la ansiada flor entre sus manos, pero no le dio tiempo a llegar a la orilla, cuando este se desplomo contra el suelo, había tocado el rojo tallo, y el veneno le hizo desfallecer.

Dorfhin ayudo a sus hermanos a subir a los caballos y se encaminaron de vuelta al castillo de Olias.

El más feliz de todos los reyes, los atendió y curo todas sus heridas, pero no pudo hacer nada por el pobre Gabriel, que había entrado en un coma profundo.

Los médicos de la corte, prepararon el ungüento para la curación de las princesas y después de unas horas de su ingesta, estas perecieron resurgir, convirtiéndose en las bellas y fuertes mujeres que nunca fueron.

La princesa mas pequeña, Ahmis, se quedo muy preocupada por el estado del pobre Gabriel, e hizo que los doctores le administraran un poco de aquel brebaje que ella misma había tomado, para así comprobar si en el muchacho tenia efecto también.

Pero esto no sucedió, el príncipe siguió sumido en el sueño mas profundo.

Después de haber pasado unos días, una anciana del bosque, un hada, fue a visitar el castillo. La mujer mayor vio el estado en el que se encontraba Gabriel, y dijo que la única cosa que podía resucitarlo, era recibir un beso de amor verdadero.

El Rey Olias quedo muy decepcionado, no se sabia quien podría estar enamorado de aquel joven y eso dificultaba las cosas.

Pero después de mirar a su hija Ahmis, como cuidaba del príncipe, comprendió que el antídoto a aquel sueño, lo tenía delante de él.

Ordeno a su hija que besara al chico, y esta muy avergonzada, cumplió la orden de su padre.

Gabriel despertó de su letargo y comprobó por primera vez lo bella que era su salvadora, quedando de este modo profundamente enamorado de ella.

Al cabo de unos meses de noviazgo, los tres príncipes contrajeron matrimonio con sus princesas, celebrándolo con la fiesta más glamorosa y feliz.

Todos en el reino de Olias eran de nuevo dichosos, y el futuro se presentaba como el mejor de todos los sueños y espejismos.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

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Bueno ahora si ha terminado el cuento infantil, esta segunda parte se la podemos agradecer a una niña muy especial, que cuando leyo la primera dijo: “Mami, y ¿cuando sale el principe?” eso me rompio el corazon y no pude mas que hacerla caso y traer al principe esperado.

Por lo tanto este cuento es para mis niñas Leire y Nadia, chicas las quiero un millon, muchos besos.

Espero les guste como acabo la historia.

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