Capitulo 9

El accidente

Los dos fuertemente abrazados, con nuestra piel cubierta por el pringoso sudor del placer, nos regalábamos besos tiernos y suaves.

Entonces caí en algo que no había pensado antes, en el bolsillo de mi pantalón, que en este momento estaba tirado en el suelo, se encontraba el broche de plata, me levante despacio, separándome de ella con un punzante dolor, y después de sacar la cajita del bolsillo, la escondí en mi palma y me dirigí a su lado de nuevo.

No pudo ver lo que yo escondía, pero puso ojos de curiosidad,

_ ¿Qué escondes ahí Señor Meeden?_ pregunto mientras acariciaba la zona cercana a mi ombligo.

Yo me estremecí y quede a su disposición en un segundo, me provocaba las sensaciones más devastadoras del planeta, ella era tan perfecta. Me posicione de rodillas en la cama y la cogí de las manos, mientras miraba sus ojos con mucha intensidad.

_ Tengo algo para ti, es una tontería sin importancia, pero simboliza el amor mas grande y puro que un hombre tendrá nunca por una mujer, que yo tengo por ti, Sam.

Extendí mi mano y ella abrió su palma, deje caer en ella la pequeña cajita negra, y sus ojos incluso antes de saber de que se trataba, ya se habían humedecido.

El miedo recorrió mi cuerpo, ¿quizás ella esperase otra cosa? ¿Tal vez no seria todo lo bonito a como yo lo había visto?

Abrió la tapa muy espacio y soltó todo el aire de sus pulmones en un suspiro, sus ojos derramaron un torrente salado y con la voz entrecortada por el llanto,

_ Es…..precioso, ¿Por qué…..?_ dijo casi sin poder articular palabra

_ Por que te quiero, y quiero que tengas algo que te recuerde a mi, en los momentos que no estamos juntos_

No se como interpreto mis palabras, pero sus facciones cambiaron por completo, convirtiéndose en la viva imagen del día anterior en su llegada al instituto, cambiándole hasta el color de la piel.
Sus manos taparon su rostro y empezó a sollozar compungidamente, el dolor de su llanto era sobrecogedor y no supe que hacer ni que decir.

_ Cariño, dije algo que no estuvo bien, si no te gusta no tienes porque quedártelo._ dije con desesperación.

Pero ella no podía articular palabra, ni siquiera me miraba, escondida entre sus manos aun.
Hice lo único que se me ocurrió, abrazarla para que todo pasase, callado, expectante, dañado por su estado.

Pasaron más de diez minutos cuando alzo su rostro y me beso con fuerza, respondiéndola yo en el acto. Nuestro beso era violento, necesitado, no entendía que era lo que la pasaba, pero si tenerla así funcionaba para calmar su alma, así estaría de por vida.

Una cosa llevo a otra y nuestros cuerpos volvieron ha ser invadidos por el placer y el deseo.
En uno u otro momento del acto ella dejo escapar las palabras,

_Mike, te quiero mas que a nada en el mundo, y pase lo que pase, siempre será así. Llevare tu regalo conmigo hasta el fin de mis días. No te puedes imaginar lo que significa en estos momentos para mi_ hablando entre jadeos

Pero yo no entendía su reacción, se suponía que eran cosas buenas, felices, y ella se comportaba como si le hiciera daño lo sucedido, me tenia tan confundido.

Cuando nuestros cuerpos ya no podían seguir mas, intente que me explicara lo que la había pasado y me dijo con no demasiado convencimiento, que eran las hormonas que la sacaban de quicio, pero no supe si creerla, había sido tan intenso y desorientado.

Nos duchamos uno detrás del otro, puesto que no creía que si lo hiciéramos juntos, llegaríamos a ducharnos de verdad. Una vez relajados y frescos por el agua, decidimos bajar al piso de abajo a ver algo de televisión, agarrados en el sillón y completamente felices.

Después de un rato no muy largo, se quedo dormida en mis brazos y yo me dedique a observarla.
Paso más de una hora en esa postura y el sobresalto llego, con unas llaves en la cerradura de la puerta de la calle. Sus padres acababan de llegar, y mucho antes del tiempo predicho.

Desperté a Sam y esta estaba tan desorientada, que no se dio cuenta de los que pasaba, hasta que su hermano estaba ya en el salón, nos incorporamos rápidamente y esperamos a que sus padres nos vieran, no pude reprimir a mis ojos a que mirasen en todas direcciones, para comprobar que todo estaba en orden y a mi mente que visualizara el piso de arriba para lo mismo.

Gracias a Dios, creo que recogimos todo antes de la inesperada visita, y un suspiro de calma y
descanso recorrió mi cuerpo.

Sam no tenia la misma sensación que yo, seria seguro por el hecho de encontrarnos sus padres solos en una casa vacía y con las expectativas de la perdida de la virginidad de su hija.
Y que poco equivocados estarían sus padres si era ese su pensamiento, por un momento me sentí monstruo, pero era inevitable, la atracción de nuestros cuerpos, de nuestras vidas, no la podíamos ignorar. Además, mis intenciones con su hija, iban mas allá de una noche de pasión, de un mes de relación, de un año de compañía, yo quería todo, y por siempre, hasta que la muerte me la arrebatara o me llevara a mi.

No habría hombre en el mundo que quisiera y cuidara más a su hija que yo, y eso tenia que contar algo ¿no?
Si por alguna casualidad, sus padres se llegaran a poner violentos con mi amada, por mi presencia en su casa, no me importaría lo mas mínimo, relatarles con pelos y señales, mis intenciones de futuro con su Sam, con mi Sam.

Pero la cosa no tubo que llegar hasta ese extremo, mis suegros sonrieron a mi presencia y por el contrario a la reacción de mi novia, que esperaba verla feliz por la no reprimenda, empezó a ponerse nerviosa, y empujándome hacia la calle, casi no me dio tiempo a despedirme adecuadamente de su familia. Las palabras de su madre quedaron sin respuesta y eso me confundía aun mas, era tan extraño el comportamiento de mi novia.

Una vez en la calle, en la acera de su puerta, la bese en los labios, con el principio del dolor apareciendo, por la pronta separación, pero me fui feliz, el día me había regalado un recuerdo que jamás nada podría nublar.

Quede con ella en verla al día siguiente, no me permitió volver a su casa y quedamos en la mía, no me hacia gracia que andará sola por ahí, pero ya creía que me había dado mucho y ahora tenia que ser yo quien la diera todo lo que me pediese.

Al llegar a mi casa, me sorprendió no oír a mi madre en la cocina, y el coche tampoco estaba, me adentre en mi habitación desplomándome en la mullida cama, rememorando los acontecimientos del día con una sonrisa tallada en mi rostro, y me quede dormido por lo placentero de mí pensar.

Me despertó el timbre de la puerta, y comprobé que era ya muy tarde para ninguna visita, antes de que despertaran a mi madre, salí corriendo por el pasillo, tropezando con uno de los muebles y maldiciendo en voz baja por el dolor de mi espinilla.

Pero la persona que se situaba en el otro lado de la puerta, si que no me la esperaba, era mi vecina, una de las gemelas Whiech, con bata y rulos, su expresión dejaba claro que no traía buenas noticias.

_ ¡¡¡Ooh!!! Querido, suerte que estas aquí, me han llamado del hospital, tu madre ha tenido un accidente, esta ingresada en el Saint Louis Playbourow. Estuvieron llamando a tu casa, pero no da la señal._

Mis ojos rodaron en dirección al teléfono e inconscientemente cogí el auricular y me lo puse en la oreja, para verdaderamente comprobar que no tenia línea, un gesto entupido, si, pero me encontraba en estado de shock, mi madre estaba ingresada, un accidente, ¿Qué quería decir eso?
Y ¿Cuánto tiempo llevaría sola?

No conteste a los interrogatorios de mi vecina y cogiendo unas cuantas cosas, me despedí de ella, sin hacerla mucho caso y empecé a correr por la calle, en busca de un taxi.
Tuve que correr tres manzanas, hasta que por fin di el alto a uno, y me llevo lo más rápido posible hasta el hospital.

Mi madre no estaba del todo mal, había sido un golpe en su vehiculo, la habían sacado de la carretera, un coche saltándose un stop y este había envestido al pobre utilitario de mi madre.
Según los médicos, todo el daño se encontraba en sus piernas, el resto del cuerpo solo había sufrido arañazos y algún que otro morado. Pero una de sus rodillas necesitaba una operación urgente, que le practicarían en la mañana, y una escayola en la otra, puesto que se había fracturado el hueso. Era seguro que mi madre pasaría mucho tiempo bien sentadita.

La consolé como pude y la dije que todo pasaría pronto, además no había pasado nada para lo que podría haber sido, había que dar gracias por ello.
El accidente no venia en el mejor momento, nuestros escasos ahorros eran una pena y la única persona después de mi, que podía ayudarnos en casa y en su cuidado, era mi tía que se encontraba en el otro extremo del país, por motivos también personales, incluso mi primo el perfecto, se había ido con ella.

Mi madre solo me tenía a mí, y yo la cuidaría pasase lo que pasase.

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Bueno, lo primero pedir disculpas a todos los lectores de esta mi historia, he tardado en publicar por la falta de tiempo y por que mi otro blog me lleva de cabeza, jajaja

Se que no tengo escusa, pero tambien se que me perdonaran, quiero mandar un beso a una persona muy especial, una ferviente admiradora de “Y en la otra vida”, cariño todavia recuerdo cuando me contaste que te la habias leido dos veces, gracias mi princesa, ella se llama Leire y la tendre siempre dentro de mi corazón.

Espero que os haya gustado el rumbo que esta tomando mi historia y os adelanto que ya no sera todo tan delicado y feliz, pero por supuesto si con mucha emocion y suspense. Gracias a todos por leerme y no duden en absoluto en comentar que les parecio.

Besos, Irene

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