El reflejo de mi voz

(Cuento infantil)

Érase una vez, en un día muy caluroso, una pequeña niña paseaba por la inmensidad de los bosques de Hisdian, un país pequeño pero famoso por sus inmejorables paisajes y sus bellas tierras.

La niña tenía 12 años, y su nombre había sido escogido haciendo honor a sus antepasados nobles, se llamaba Nadia. Su belleza no tenía parangón, era sin duda la más bonita de todas las féminas de Hisdian. Con cabellos suaves y morenos, algo ondulados y graciosos, caían por su pequeña espalda como cascada. Sus ojos eran oscuros, pero tan bonitos que todo el que se atrevía a hundirse en ellos, quedaba prendado de la joven, siendo así sus humildes sirvientes, si ella lo deseaba.

Procedía de una familia muy bien acomodada, sus padres eran los duques de toda la zona Sur del país, y la posesión de tierras que tenían era incalculable. Todo lo que se divisaba desde su inmensa casa, era de su propiedad.

La niña vivía feliz con su familia y aunque algo traviesa y juguetona, hacia siempre caso a su mama, dándola así la virtud de la bondad y el saber estar.

Una mañana de tormenta, Nadia, decidió ir a su establo, donde el mejor amigo que tenía descansaba. Se trataba de un corcel muy bonito, todo de color blanco, con una pequeña mancha en su oreja derecha, que le daba un aspecto aun más bello, si eso era posible.

Tenia muchos animales, y algo extraño le pasaba con ellos, se entendía a la perfección, siempre era la encargada de cuidarlos a todos, cuando sus obligaciones quedaban cubiertas, pero a Nadia el que mas le gustaba y su predilecto era ese corcel tan peculiar.

Le encantaba montar a su amado animal, y este siempre era bueno con ella.

Pasaban las tardes los dos unidos y cabalgando por las extensas tierras de su familia.

Ese día en concreto, Alado, que era el nombre de su corcel, estaba algo nervioso, y la niña supuso que se debía a la tormenta de truenos, que se cernía sobre sus cabezas.

Para poder calmar a su animal, Nadia se quedo en su cuadra, y empezó a acariciar el lomo de este, consiguiendo que Alado se quedara mas tranquilo.

Lo que la pobre niña no sabia es que ese día descubriría algo insólito, algo relacionado con su vida y persona, y que seria gracias a Alado ese descubrimiento.

Un fuerte rayo cayo cerca del establo, arrancando con su golpe un enorme árbol, que se desplomo contra el suelo, provocando que la tierra a sus pies se estremeciera.

Alado se asusto mucho, y sin poder evitarlo, rompió de un cabezazo la puertecilla de su cubículo, y empezó a correr por todo el establo. Nadia no podía cogerlo, además tenía miedo de que este sin querer la hiciera daño. Pero cual fue su disgusto, cuando descubrió que la puerta del lugar, no tenía el cerrojo echado.

En su turbulento trote, Alado soltó una coz a dicha puerta, dejando que esta se abriera, y dándole con ello una escapatoria a tanta furia contenida. El corcel, no solo escapo por el miedo, sino que también lo hizo por no causarle ningún daño a su amada dueña.

Nadia no pensó, ni siquiera se paro a ver que su decisión de perseguir al animal era errónea, solo atravesó al puerta y corrió tras el, empapándose con la lluvia y alejándose mas de lo debido de su casa.

Aunque era de día, el cielo estaba tan oscuro que no se podía ver bien cual era su situación, y en menos de una media hora, la pobre niña ya estaba perdida en los espesos bosques. Paro su carrera al notar que ya no podía oír a su amigo, y empezó a temer por su futuro, no solo estaba empapada hasta los huesos, si no que no sabia cual era su paradero, estaba muy perdida.

Empezó a llamar aun mas fuerte a su corcel, dando gritos tan grandes que rápidamente se quedo sin voz. Un escalofrío recorrió su cuerpecito y hay fue cuando decidió, que debía encontrar un sitio donde guarecerse de la lluvia, para después de que esta pasara, buscar de nuevo el camino de vuelta a casa.

Sus pobres ojitos llenos de lagrimas, no la dejaban ver que camino coger, pero sin darse cuenta, termino tropezándose con una brecha en la piedra de una montaña, donde decidió adentrarse, y era calida, y confortable. Allí esperaría a que todo pasase. La culpa por la perdida de su amigo, la hacia sentir una enorme tristeza. Sentada en el frío suelo, agarro sus piernas, abrazándolas con fuerza, mientras el frío parecía no pasar nunca.

Después de un largo rato allí sentada, y sin aparente cambio en el clima, oyó unos pasos acercarse a su posición, unas pisadas fuertes, que incluso se podían notar a través del sonido de la lluvia. Y eran unos cascos, los de un caballo.

¿Seria posible que Alado la hubiese encontrado?

Sin pensarlo salio de su escondrijo, corriendo hacia el sonido de esas señales. Y sin querer, se estampo contra alguien, haciendo con ese impacto, que la pobre Nadia y su desconocido, cayeran al suelo de inmediato.

Enseguida se puso de pie y miro atónita lo que acababa de pasar, un chico de unos 14 años, estaba tirado en el suelo, cubierto de barro hasta el pelo, y en su mano sostenía la cuerda de un caballo, de su corcel, de Alado, que empezó a darle pequeños lametazos, cuando fue consciente, de que era su dueña la que se encontraba a su lado.

Nadia enseguida lo acaricio en respuesta y empezó de nuevo a llorar, esta vez de alegría por haber encontrado a su mejor amigo, y parecía estar sano y salvo.

_ Hola, me llamo Nadia, y espero no haberte hecho daño, lo siento_ le dijo al chico ofreciéndole la mano, para que se pudiera levantar del suelo.

El chico acepto su mano encantado, y sin poder evitar una tonta sonrisa en los labios, dijo,

_ No pasa nada, esta bien, bueno estoy bien, yo me llamo Seth, y estoy encantado de haberme tropezado contigo_ y dejo mostrar una sonrisa torcida, de dientes blancos y perfectos, que de inmediato encandilo a la muchacha.

_ Creo que te has manchado mucho, será mejor que te pases a mi refugio, para que puedas quitarte el barro pegado a tu pelo. Y por cierto gracias por encontrar a mi corcel, a sido todo un detalle, estaba muy preocupada_

Los dos chicos y Alado se dirigieron a la grieta que hacia las veces de cobijo, resguardándolos así de la tormenta que parecía no amainar.

Estuvieron hablando todo el tiempo, recostados contra la fría piedra del improvisado albergue, y descubrieron que tenían mucha cosas en común, muchos gustos iguales, y eso era muy placentero.

Seth contó a su ahora nueva amiga, que el provenía del Norte, y que en su familia eran cazadores. Que le había pillado por sorpresa la tormenta y sus pasos le alejaron del resto de la cacería, quedando así perdido también como lo estaba ella.

La noche se dejo ver, y no porque oscureciera el día, porque ya era lo suficiente oscuro, si no porque habían pasado muchas horas de estar allí sentados los dos.

Y en un momento todo cambio, algo que les dejaría muy pocas opciones de salir de allí.

Se podían percibir unos gruñidos horribles que provenían del interior del bosque, y enseguida los dos muchachos se pusieron en alerta.
Seth cogió a Nadia por la cintura y la subió al lomo de Alado, si era un lobo el intruso, y eso era lo que el creía, no serviría de nada estar encima del corcel, pero al menos debía intentar poner a salvo a su nueva amiga.

Y muy en lo cierto estaba Seth, un lobo enorme y gris, salio de entre los arbustos, con los dientes expuestos y profiriendo regaños en su contra.

Nadia se tenso al comprobar el porque del comportamiento de protección de Seth, y sus manos empezaron a temblar, toda ella empezó a temblar.

Seth saco de su bolsillo un cuchillo, no muy grande, la verdad, pero al menos tenia algo con lo que defenderse y su adiestramiento en la caza, le vendría muy bien en estos momentos.

El lobo se aproximo a ellos con paso lento y una vez enfrente del muchacho, no tardo en tirarse encima de el.

Un grito desgarrador cruzo el cielo, el propinado por Nadia, que desde el lomo de Alado, se sentía impotente.

Una masa de pelo y carne se revolcaba por el suelo, en un forcejeo que el chico y el lobo, parecian no terminar.

_¡¡Corre!!, Nadia, ¡¡corre!!. Sal de aquí ahora mismo._ decía con la voz entrecortada Seth, mientras daba vueltas con el animal.

En cambio, muy por lo contrario, Nadia se bajo de Alado y empezó a gritar al lobo, intentando acercarse, para poderlo quitar de encima de su amigo.

Algo raro paso, algo inesperado, que dejo a los chicos muy asombrados.

El lobo gris, al oír la voz de Nadia, paro sus movimientos, y se alejo de Seth, echando este a correr en dirección a Nadia y cogiéndola por el brazo, para poder escapar del malvado animal.

Pero Nadia no se movió, poso sus ojos intensamente en el lobo y este le correspondió con la misma intensidad, avanzando hacia ella con deliberada lentitud.

_ Buen chico, así, no tienes porque hacer daño a nadie, buen chico._ decía en un susurro la niña.

Y el lobo agacho su cabeza y aproximo esta hasta la mano extendida de Nadia, dejando que le acariciara entre las orejas.

El lobo se tumbo, frente a un Seth con la boca abierta por la sorpresa, y un Alado todavía cauto en sus movimientos.

Pasaron los minutos y Nadia se dio cuenta que todo lo que al lobo le contaba, este parecía entender, y enseguida se le ocurrió una idea descabellada.

_ Querido lobito, ¿tu sabes donde se encuentra mi casa?, ¿podrías llevarnos hasta ella?_

El lobo se levanto como resorte y haciendo un movimiento claro, les indico que le siguieran por entre los árboles.
Los dos muchachos se montaron a lomos de Alado y empezaron a seguir al curioso lobo, para que después de una hora más o menos, divisaran en el horizonte la casa de Nadia.

Se despidieron del lobo acariciándole, y dándole las gracias por tamaña acción de salvamento, y acto seguido encaminaron su paso hasta la casa de la niña, con una sonrisa en sus labios y un sentimiento de bienestar en sus cuerpos.

Por fin estaban a salvo, y todo se debía al inesperado don, que Nadia había descubierto en ella.

Siempre serian amigos, siempre estarían juntos y protagonizarían sin duda las mejores y más emocionantes aventuras entre los dos.

Por que tenían un secreto oculto, un poder fantástico y eso los convertía en la pareja de amigos más especial del mundo.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

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Este magnifico cuento se lo dedico a mi niña, a mi princesa de fresa, a la protagonista del mismo, a Nadia.
Eres sin duda una preciosa niña, que tiene la suerte de tener como mama, una mujer que siempre estará contigo y te querrá y cuidara en todo momento.

Os mando un beso a las dos y siempre recordad que os quiero en el alma, sois muy importantes ya en mi vida.

Siempre con vosotras Irene Comendador

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