La tercera entrega de esta historia que a mi me quito los sentidos por completo, es intrigante, es talentosa y expresa los sentimientos y los acontecimientos a la perfeccion, asi que no dudeis en leer estos capitulos, son de mi amigo Sergio y se que a el, al igual que a mi, le encantara saber su opinion al respecto.

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La no-vida.

Cuando Morgan despertó estaba tendido en un jergón, mirando al techo de una habitación pequeña sin ventanas, no podía dejar de mirar las grietas del techo, le fascinaban, los trazos eran rectos a veces, otras veces no. Se incorporó y se quedó un rato sentado en el borde la cama. Era como si no hubiese visto nada parecido antes, los colores, las formas de todo lo que le rodeaba le parecían excesivamente vivos, como llenos de algo que no podía definir. Definitivamente se sentía distinto.

Y tenía sed, una sed terrible que le atenazaba la garganta como nunca antes, se levantó y notó que pesaba menos, ¿o no? y al tiempo se sentía más fuerte, más rápido. Era muy extraño, Morgan se miró los brazos, las runas azules tatuadas no estaban iluminadas, eso era buena señal. Aún así decidió hacer una prueba. Trazó una runa de agua en el aire al tiempo que la pronunciaba, era un hechizo sencillo, hasta un niño Druida de diez años podría haberlo realizado sin problemas. La runa condensaba la humedad del ambiente en una esfera de agua en la palma de la mano del mago – muy apropiado, dada la sed que tengo – pensó Morgan sonriendo mientras esperaba la reacción mágica.

Algo iba mal, el hechizo no surtía efecto – quizá me he equivocado con las prisas – pensó, aunque en su fuero interno sabía que no era así, había realizado ese hechizo cientos de veces.

Morgan volvió a trazar la runa, esta vez de forma muy pausada, mientras la pronunciaba puso toda su atención en los trazos y en las entonaciones que correspondían a cada sílaba del hechizo.

Nada.

El miedo le invadió por completo, no podía ser, se volvió desesperado hacia un lado y apoyó las manos en un mueble con la vista clavada en la pared. Morgan se sobresaltó; enfrente de él un rostro le devolvía la mirada con una expresión de terror en el semblante. Al igual que Morgan, estaba cubierto de runas azules y cicatrices pero su piel era tan pálida como la de un muerto. El druida retrocedió asustado y la imagen se movió, de repente calló en la cuenta; se estaba mirando a sí mismo en un espejo.

Morgan se acercó despacio al espejo mientras su mente empezaba a atar cabos y a comprender lo que sucedía. Lentamente enseñó los dientes a su doble del espejo, si sus suposiciones eran correctas… maldición lo eran, allí estaban; dos colmillos blancos y largos como los de un animal salvaje.
Mientras se examinaba frente al espejo la puerta de la estancia se abrió y Celestín entró silenciosamente en la habitación.

– Veo que ya te has dado cuenta por ti mismo – dijo con voz pesarosa.

– Si, ¿No creíste oportuno informarme antes de lo que pretendías hacer? ¿Verdad? – contestó Morgan con una mueca de furia.

– Pensé que no lo entenderías. Ahora eres inmortal, solo la luz del sol puede destruirte – dijo Celestín.

– Mientes, hay más formas de acabar con un vampiro –

– Si, pero eso no debe preocuparte ahora chiquillo mío. ¿Tienes sed? – dijo tendiéndole una copa rebosante de un líquido rojo y espeso.

El olor de la sangre hizo perder todo deseo de discutir a Morgan, la sed volvió con fuerza, sin pensar lo que hacía cogió el cáliz con ambas manos y lo apuró de un trago con ansiedad.

Celestín miraba a su nuevo chiquillo con una extraña mezcla de satisfacción y alivio, esperó a que terminase y le tendió un pañuelo con el que secarse la sangre que escurría por la comisura de sus labios.

– Ahora eres uno de los nuestros, y nada de lo que hagas podrá cambiar esto. Puedes rechazarnos y morir, o puedes formar parte del Clan y aprender. Tienes la eternidad por delante para aprender chiquillo mío – dijo con dulzura.

El viaje a Ceoris fue largo dado a que Morgan y Celestín se veían obligados a viajar de noche y descansar durante el día. La situación exacta de la capilla era un misterio, y el camino que conducía a ella era secreto. Solamente los miembros del Clan tenían acceso a la fortaleza, cualquier otro que encontrase el camino era capturado e interrogado. Generalmente el “extraviado viajero” solía sufrir posteriormente un desafortunado y mortal accidente.

La fortaleza, construida por el gran arquitecto nosferatu Zelius, reinaba sólida e inexpugnable sobre el risco de una cadena montañosa. La plaza fuerte permitía dominar con la vista el cielo abierto y sus vías aéreas así como de la tierra que se extendía a su alrededor y del único camino sinuoso que conducía hasta ella.

Desde sus torres se podía distinguir una gárgola o a un merodeador quiróptero a mil leguas de distancia y a cualquier tipo de ejercito volador a más de dos mil sin necesidad de utilizar Auxpex. El camino de acceso a la Capilla serpenteaba a través de profundos barrancos y numerosos puentes oscilantes fáciles de defender.

Durante el viaje Celestín puso al corriente a Morgan sobre la política interna del Clan y sus relaciones con el resto de los vampiros, resolviendo igualmente todas las dudas que este le planteaba sobre la vida vampírica. Morgan llegó a desarrollar un vínculo emocional con su sire, admiraba su sabiduría así como su gran humanidad, Celestín nunca mataba si no era estrictamente necesario, tomando la sangre de sus víctimas prácticamente sin que estos lo notasen.

Realmente Morgan tenía sus dudas sobre esta especie de “afecto” desarrollado últimamente, y se preguntaba si tendría algo que ver con la copa de sangre que Celestín le ofreció antes de partir de Londres. Tendría que estudiar el tema, Celestín le había dicho que allí en Ceoris se encontraba una de las más grandes bibliotecas ocultistas del mundo conocido y que él era el Maestro Bibliotecario.

La pareja se detuvo a menos de una legua del castillo, sobre ellos sobrevolaban en círculos varias gárgolas de aspecto temible vigilándolos como aves de rapiña.

Celestín pronunció en voz alta una palabra extraña que Morgan no pudo entender, y una de las gárgolas se separó del resto y se dirigió volando hacia la capilla. Al cabo la pareja prosiguió su camino sin ser molestados y entraron en la fortaleza, las puertas estaban abiertas para permitirles el paso, y los centinelas, a pesar de que los miraron con recelo (sobre todo a Morgan) no hicieron ninguna pregunta.

Etrius

Celestín recorría despacio los pasillos y salones de la fortaleza Tremere, como tomándose tiempo para disfrutar de aquel regreso a un entorno tan familiar. Morgan le seguía a corta distancia de forma respetuosa.

Subieron por una interminable escalera de caracol y llegaron a un pasadizo desierto y en sombras. A cada lado había una serie de puertas cerradas. Al fondo, una de ellas estaba abierta y la luz que surgía de ella se derramaba por el pasillo. Ambos avanzaron hacia la luz y se detuvieron al llegar al umbral para dar tiempo a que sus ojos se acostumbraran a la claridad después del paseo por el oscuro interior de la capilla.

En el interior había tres personas, dos hombres y una mujer. Celestín hizo las presentaciones.

De pie, con las piernas ligeramente separadas y las manos a la espalda se encontraba un vampiro de constitución fuerte, espaldas anchas y un pelo largo y moreno que le caía por los hombros, su nombre era Goratrix y a su lado se encontraba su chiquilla Malgorzata. Sentado tras un enorme escritorio de madera se encontraba Etrius, vestido con una sencilla túnica de color gris con poderosos signos cabalísticos bordados, con los codos apoyados sobre la madera y las manos entrelazadas bajo el mentón. Tenía un rostro maduro y de mirada inteligente que lo escrutaba todo con intensidad.

– Sire… – dijo Celestín inclinando ligeramente la cabeza en dirección a Etrius en señal de respeto.

– Bienvenido chiquillo mío, me alegra mucho que estés de vuelta entre nosotros nuevamente. – contestó el otro – Espero que pronto retomes tus obligaciones en la Gran Biblioteca, es un verdadero desastre cuando tu no estás – comentó con una sonrisa.

– No veo la hora de hacerlo – respondió sinceramente Celestín – He traído conmigo a mi nuevo chiquillo como te comenté, espero que sea digno de tu aprobación y de la del Clan – Etrius se giró y miró a Morgan a los ojos intensamente, este notó como algo entraba en su mente, era una sensación muy desagradable, todos sus sentimientos, sus ideas, sus pensamientos más íntimos le fueron arrancados a la fuerza y puestos al descubierto por aquella presencia extraña y no podía hacer nada para evitarlo. Durante un breve instante Morgan pudo ver a través de ella, o quizá le fue permitido entrever algo. Duró un instante, justo el tiempo que se tarda en parpadear, pero mientras duró, el recién creado vampiro pudo intuir en esa presencia un basto conocimiento, una inteligencia muy superior a la suya y un poder antiguo y mayor que cualquier otro que hubiese conocido anteriormente.

– Creo que has elegido bien Celestín – comentó Etrius al cabo – Yo mismo efectuaré el vínculo de sangre que le ate al Clan, después encargate de su instrucción en las artes Taumaturgicas y de que realice el juramento Tremere-

– Lo que tu ordenes – respondió humildemente Celestín. Con una reverencia se dispuso a abandonar la habitación cogiendo a su chiquillo del brazo cuando Etrius le detuvo con un gesto de la mano.

– Recuerda chiquillo mío que ahora él es tu responsabilidad – dijo señalando a Morgan – No lo olvides.-

Cuando Celestín y su chiquillo abandonaron el estudio de Etrius este se giró en dirección al otro vampiro que no había abierto la boca para nada durante la presentación de Morgan y le preguntó señalando la puerta con la cabeza; – ¿Qué opinas del nuevo recluta Goratrix? –

– No sé. Creo que será un buen Tremere – respondió Goratrix pensativo – Pero hay algo en él que me inquieta…-

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