Un toque

Ardía, quemaba, llameaba,
incandescentes chispas eclosionaban mis poros
con las vergüenzas implícitas
dando rienda suelta a su tacto

En sus yemas de lujuria
sensaciones incipientes
causando estragos
en mi desacompasada respiración
inflamando en demasía
el hueco vano de mi pecho
retorciendo mi tórax
con cadentes espasmos armónicos
mientras una arqueada columna
dejaba ver las consecuencias
de tales actos impúdicos

Labios torturados
de la manera más placentera
mientras eran succionados
por el hambre de la cercana lucha
entre dos cuerpos resignados
a caer en el desgarrador lecho
de sabanas inquietas
y palabras distorsionadas

Las marcas presentes
visualizadas ante ojos ajenos
serian el testimonio de tales actos profanos
lubricados con los inconvenientes restos
de calambres indecentes y torturadores

Los dedos curiosos
picantes investigadores de la noche
recorriendo con urgencia
el contorno del cuerpo libertino y desecho
la sórdida hambre de la carne viva
entrando con calma
para después volver
a la desesperada gula
de nuestra apetencia anhelada

No vengas ahora
con tu espada de acero en mi carne
con tu ausencia al alejarte
porque mi cuerpo quedo tan marcado
que será martirio inhumano
la soledad que tú
“calvario mío”
me dejas padeciendo a gritos

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