El martirio me persigue

Me persiguen, lo puedo sentir cerca, se que están ahí aunque no los vea. Miran lo que hago, escuchan lo que digo y sé que anotan todo, hasta la última palabra y el último verso. Me escondo, pero no parece surtir efecto porque al final me terminan encontrando. Allí, mira, allí están de nuevo. La furia, la ira, se apoderan de mí ¿Como puedo hacerlas disminuir? ¿Como puedo hacer para que no se expandan? ¿Que no se adueñen de mis actos? Difícil situación; no lo controlo, quiero hacerlo pero es inútil, imposible, me siento incapaz, por favor ayúdame, necesito ayuda, la necesito. Me tienen; de nuevo me han cogido, estoy arrinconado en este sitio de sombras y frío. La oscuridad se extiende por doquier, me arrulla en el oído, me sugestiona. Ahora ya es tarde y me siento narcotizado por la bruma, por esa magnética letargia que parece ser incierta. Quiero despertar, repeler lo que sucede para encarar mi sufrimiento y así poder con él. Me tienen; me han encontrado al fin…. Sabía que jamás me libraría, pero no pensé que llegara tan pronto mi término, mi desenlace. He de defenderme con uñas y dientes antes de que me rematen, antes de que alguien me toque, antes de que sufra sus torturas. Ya los vi hacérselo a otros: los contemplé desde mi escondite cómo profanabais sus cuerpos, cómo los despojabais de su humanidad y perecían bajo vuestras manos, con sufrimiento, con tormento. Pero yo no. A mí no. Aún no. La desolación y tortura que tenéis preparada y planeada para mi carne no llegará a buen fin porque no os lo permitiré, no podréis conmigo. Os causaré martirio, flagelaré vuestra chicha, vuestro pecho abierto quedará entre mis manos en tan solo un momento…. Estoy atado, lo habéis conseguido, al final con disimulo pudisteis con mi dolencia, haciéndome padecer de dolor y tristeza. Atado y uncido, a vuestra merced postrado bajo mi evidente disconformidad. ¡Y os atrevéis a decir que es por mi enfermedad! Mi cabeza funciona bien, simples excusas que marcáis en mi piel. Esto no es esquizofrenia: esa es la justificación que os excomulgará de culpas, pero a mí ya no me engañáis, ya no. Seré libre en poco tiempo, solo dadme un segundo de libertad…. y ya veréis.

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Ya casi todos conocéis lo mal que circula la sangre por mí azotea, así que no os sorprendáis de lo que puedo llegar a concebir.
Este es uno de los pequeños relatos que a veces a una mente perturbada como la mía se le llegan a ocurrir. Quizás sea por la extenuación del trabajo, vete tú a saber…..

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