El despertar de una nueva raza

La intensidad del olor nauseabundo iba haciéndose familiar conforme pasaban los minutos aquí encerrada. Unas esquirlas blanquecinas rodeaban la piel de mis muñecas dejando un extraño cosquilleo que me recorría hasta las vértebras.

Las convulsiones habían terminado y mi estado de ánimo era óptimo. El miedo había remitido, ahora solo ocupaba mi mente algo más primordial, más necesario.

Una efímera rendija dejo ver el exterior luminoso del barrio residencial El Atabal, lugar donde me encontraba, y expulsé mi cuerpo roto fuera de aquel agujero.

Individuos que hacia tan solo unos momentos me habían causado miedo, ahora parecían ser agradables compañeros que me conducían los ocho kilómetros que nos separaban de la playa Malagueña. De repente un olor a óxido y salitre llegó hasta mí, arrancándome un antinatural gruñido, que salió de las más profundas entrañas de mí ser.

Avancé tan rápido como pude hacia donde una fuerza irrefrenable me llamaba con su aroma.
Con la mirada desencajada localice mi presa. El sentimiento de culpa no me llegaba todavía y estaba empezando a cuestionarme si eso sucedería.

Mi reflejo en el espejo se me hizo poco familiar. Un deforme semblante visceral y compungido, de color ausente y piel desecha, donde predominaba el repugnante hedor y escaseaba el atractivo. Mis ojos antes de un marrón esbelto, habían tornado en antinaturales destellos rojos, causa de venas rotas y líquidos oculares derramados. Una masa viscosa y aun cálida recorría mi nuca, dejando ver algo que a mi parecer antes no hubiese sido posible estar todavía consciente. Mi masa encefálica ungía uno de mis hombros desnudos de piel, en hueso.

Dejé de lado mi reflexión, puesto que la sed se volvía insufrible y caminando hacia mi víctima la acorralé y vi en sus ojos la ternura irracional con la que me contemplaba, acompañada de miedo y sorpresa.

Hundiendo mis incisivos en su piel, por un momento creí sollozar, pero el sabor de su cuerpo me hizo olvidar toda mi vida anterior, culminando así mi iniciación en esta nueva raza superior.

Mi pobre madre no tardó en morir, la misma que hacía treinta años me daba la vida, ahora cumplía como mi primera comida.

¿Quién mejor que tu propia descendencia para terminar con tu existencia?

Gracias mamá por darme la vida en dos ocasiones.

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Aquí os dejo un micro relato que hice hace semanas para el concurso de Málaga Zombie, que por cierto todavía no se ha pronunciado el jurado sobre quienes son los ganadores, os tendré informados.
Espero que os haya gustado (no deja de ser una de esas idas de pinza que casi siempre me acompañan, supongo que ya no os asustáis)

Y la foto de la cabecera es un guiño que debía por ahí

Un beso para todos, os adoro mis incondicionales

Irene

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