Continuamos con el siguiente concursante y recordar que las opiniones y comentarios a cerca de los relatos participantes sean constructivos, de buen gusto y con respeto.

En la cabecera del blog encontraréis el resto de relatos ya publicados, por si os habéis perdido alguno.

Ahora a leer y disfrutar

Muchos besos

Aztirey (Yiza Black)

¿Alguna vez te has sentido menos que basura? ¿Has tenido el placer de ser pisoteada? ¿En toda tu maldita existencia has sufrido? Si es “si” a todo menos a la tercera pregunta, debo admitir que siento celos hacia ti. Es imposible en este mundo lleno de dolor y sufrimiento el tener una vida plena y feliz. En algún instante, en algún maldito y abrasador momento, quizás efímero, todos hemos sentido dolor, nos hemos sentido rechazados, pisoteados o menos que basura.

¿Sabes algo? La vida es real, cruel y buena maestra. La crueldad te enseña a madurar, la realidad te advierte de que no todo es color de rosa y al ser la maestra más estricta que puede existir, jamás olvidaras una lección impartida por la misma. Pero no todo es para lamentarse, de hecho… ¿Quién ha dicho que algo era para lamentarse? En mi caso no es tanto así. La vida, sus malditas jugarretas y todo lo que me ha sucedió… gracias a esto, hoy soy el ser que soy. Hoy puedo levantarme y tener la dicha, el placer y el éxtasis de destruir cuanto enemigo encuentre sin si quiera esforzarme, no importa a cuanto inocente me lleve en el acto. ¿Sabes que? Puede que me refiera a la vida y sus lecciones pero, existe algo más imponente que el maldito ciclo de la existencia humana. Existe algo más allá de la muerte, más doloroso que vivir, que te hace sentir más inconforme que ser un desperdicio. Para algunos es el punto clave del poder, para otros es solo la punta del iceberg de posibilidades. Para mí, pues para mi solo es mi diario existir.

Quien haya pensado, dicho, murmurado o aclamado a la inmortalidad, jamás se detuvo a sopesar la negativa de la misma. Jamás pedirían un deseo tan absurdo de saber como se siente, de echo jamás lo pedí, el ser un ser sin vida, un muerto no muerto, algo que no tiene sentido. Por que ni siquiera a los mitos, leyendas o fabulas podía compararme. Vampiros, zombis, tonterías infantiles. Se verían como niños asustados ante la maldición de existir como existo yo…

En algún lugar escuche que, las cosas se consiguen con empeño… entonces… ¡¿Por que diablos conseguí algo sin buscarlo!? ¿Por que tengo que ser yo el ser despreciable y temible?… suspire. Aun pienso que mi asquerosa vida era mejor que esto, pero los años pasan, solo me queda afrontarlo.
Gire mi vista a la calle, donde el chico caminaba despreocupado de todo, observando todo y a la vez nada, los audífonos en sus oídos eran muestra clara de que estaba absorto en su propia burbuja. Sonreí para mis adentros, mil quinientos años convierten a la humanidad en gente más tonta. Por que eso era justamente su caso.
No tener el control de su cuerpo, inyectarse esas porquerías, sentirse “feliz” por un viaje de unos minutos, y nunca preocuparse por saber quien o quienes usaban los mismos instrumentos que el.

Mi sonrisa ahora se extendió por mi blanco rostro. No pude evitar el gruñido que nació de mi pecho. La vida es una maldita cualquiera. No importa cuanto de ti le des, no interesa que tan grande sea tu virtud, o como te comportes, al final ella siempre hace lo que le da la gana.
Me deslicé siguiéndolo, mirando cada uno de los movimientos que realizaba. Cuándo se es eterna… ¿para que apresurar? Y mas cuando el tiempo esta bajo tu control.
Puede que aborrezca mi existencia, la forma en que vivo o no vivo, pero el ser mezquino, sádico, hambriento, cruel, destructor, envidioso, engañoso, traicionero…en otras palabras, el ser humano que quedaba en mí, disfrutaba de estos momentos.
El chico seguía caminando hacia su destino, seguía tarareando una canción que no me interesaba. Lo que hoy conocen los seres humanos como música no es más que una triste muestra de que cada día la mente es absorbida por sus instintos animales.
Podía escuchar perfectamente la melodía que se colaba por el reproductor en el bolsillo trasero izquierdo de su vaquero azul desgastado. Las maldiciones que la misma dictaba, osando llamarlas “letra”, las incoherencias y blasfemias que tenia en sus penosas rimas.
Que asco.
Siempre deteste ser un ser imperfecto, sentirme como una basura y ser una de paso. El hecho de vivir un infierno en vida logra sacar lo peor de ti. Pero jamás, en el tiempo que fui un ser mezquino y cruel – un ser humano- disfrute de bajezas similares, y por mucho con diferencia, ya que incluso esas “bajezas” son la mas sagrada melodía en comparación a la asquerosidad que ahora conocen como música.

Camino unos metros más hasta ubicarse en la parada de autobuses. Lo mire y sopese las ideas. Ya me estaba aburriendo del mismo protocolo. Después de todo mil quinientos años llegan a aburrir a cualquier ser.
El chico en cuestión encendió un cigarrillo. Sonreí irónica. Tanta maldita sustancia en su cuerpo, su estado y el bastardo aun ingiere más. La parte humana, o en otras palabras la desalmada que aun quedaba en mi rió con ganas. Pensando con claridad que esta era la razón por la cual soportaba o intentaba, cada maldito día de mi existencia.
Tantas ganas tenía de reclamar a ese ser. De gritarle en su cara sus verdades. Se que suena tonto, después de todo el hecho de que haga lo que hace… solo me facilita mi labor. Aun así…

Puede escuchar como late su corazón, puede sentir todo lo que esta a su alcance, mas sin embargo sigue siendo un ser despreciable, mal agradecido y mezquino, que no sabe valorar lo que pose, cuando en todo el inframundo, existen seres que matarían por un segundo de su común placer. Que degollarían al mismo demonio por tan solo ser humanos, simples y frágiles, unos años.

¿Yo?… pues yo hace siglos que renuncie a esa idea. Mi existencia como un ser mortal solo me trajo dolor, no muy distinto a mi existencia actual pero, al menos ahora se cual es mi misión en este asqueroso lugar llamado mundo.

-¿Se puede saber por que tardas tanto Aztirey?- una voz profunda, recta y que ya me tenia cansada…pregunto detrás de mí. De la rabia cerré mis blancas manos en puños, clavando de este modo mis uñas en mis palmas.

Nada.

Eso sentí. Nada. Abrí estas lentamente para poder apreciar el daño. Sonreí sarcásticamente al ver mis palmas. Es lógico que no hubiera nada evidente, las marcas iban desapareciendo en menos de segundos. Dejando así una piel totalmente perfecta cubrir mis manos.

-Samanta- masculle bajo mi aliento. Sin girarme a verlo, aun manteniendo la vista fija en el chico que ya iba por su tercer cigarrillo. Patético.

-¿Disculpa?- pregunto aquella voz, como si no pudiese escucharme. Aguante las ganas de bufar. Tenia ciertas cosas que responderle pero, él se me adelanto – Te recuerdo que tu nombre hace mas de un milenio es Aztirey.

Negué cansadamente con la cabeza. Y me gire para poder ver a los ojos negros que poseía esa voz. Elegante como siempre, tan majestuoso de igual manera, imponente, pero con el aura de ser un ser “confiable”. Esta vez si solté el bufido que me había guardado. Tanta belleza, tanta confianza, ni cerca de parecer atemorizante, he ahí la trampa.

Podemos mezclarnos con los débiles, y desalmados seres humanos. Estar entre multitudes, o inclusive vigilar de cerca al próximo nombre en la lista. Todo eso sin llamar mucho la atención. Y en el caso de llamarla, nadie cree que podamos ser peligrosos.

-Mi nombre es, y será Samanta – le susurre bajo, él podría escucharme, no tenia el por que de gritar. – Aztirey- solté como un veneno- es solo el nombre por el cual me conocen, mas sin embargo nunca lo utilizo y tu mas que nadie deberías saberlo Daniel – finalice enarcando una ceja y mirándolo asidamente.

Aztirey… maldita la hora en que recibí ese nombre, al hacerlo recibí mi maldición.

“Algún día nos agradecerás este don mí querida, olvida quien fuiste, quien eres y solo piensa en quien serás. Aztirey, ese será tu nombre, tu misión será clara, y por ende sencilla. Tienes la mirada de una asesina, la fortaleza de una diosa, y el odio interior para ser la escogida. Mas sin embargo tienes el aura más pura que he podido apreciar… sin lugar a dudas serás perfecta para esta labor. Casta, pura, inocente pero peligrosa. Bienvenida Aztirey.”

Sus palabras no tenían sentido para mi en ese instante, tan solo era una chica de 16 años a punto de morir. Desangrándome y sonriendo por dejar al fin este maldito mundo. Sin embargo, cuando “desperté” pude ver la realidad. La persona que fui, el ser mezquino mejor conocido como ser humano, había quedado atrás. En su lugar se encontraba este ser, esto que soy ahora.

Una perfecta diosa, un arma sin igual, un ser majestuoso. De larga y negra cabellera. De grandes y expresivos ojos negros, de piel suave y tersa, blanca como la porcelana. De fuerza envidiable, de estado inquebrantable. Con una labor detestable.

Como dije, lo único que me da placer, es saber que cuanto enemigo encuentre, puedo destruir, sin pensarlo dos veces y sin permiso de nadie.

Una caricia en mi mejilla siquiera me hizo salir de mis cavilaciones. Daniel me miraba intensamente y buscaba algo que por lo visto yo ignoraba.

Retire su mano, iba a volver a mi posición anterior para terminar con tanto rodeo. Pero no lo realice, mi cuerpo fue pegado a la pared detrás de mi, mis muñecas aprisionadas por sus manos y mi cuello acariciado por su nariz.

Nunca lo admitiría, jamás le daría la razón. Pero adoraba cuando tomaba de esta manera el control de la situación.

-Samanta es un hermoso nombre mi adorada Aztirey – pronunció suavemente las palabras mientras su nariz seguía acariciando mi cuello. Mi expresión fue neutral, como dije, jamás permitiría que las emociones que como un anterior ser humano conservo, salgan a flote en momentos como este. – Pero estoy informado que no era tu nombre original ¿me equivoco? – no lo hacia… – lo adoptaste… ¿hace cuando? ¿quinientos? ¿cuatrocientos? ¿mil años? – gruñí, sin poder evitarlo. A él que le importaba si Samanta era un nombre adquirido por mí.

Mi verdadero nombre jamás pude recordar, era nadie, Aztirey solo para las labores, mas nunca lo adopte. Samanta era el nombre de una chica, que tuvo el infortunio de ser la hija de alguien que se metió en mi camino.

Le sonreí secamente a Daniel, quien me veía a los ojos. Negro con negro. Oscuridad. Perfecta palabra para describir mi maldito destino.

-Puede que lo halla adoptado, pero – libere fácilmente mi mano de la suya, y la puse sobre su mejilla – eso, mí para nada querido colega, no te incumbe- entrecerró los ojos.

-Colega, es justo lo que soy de ti Aztirey – dijo.- por lo mismo haré esto- continuo.

Movió su mano lentamente, la alzo y con un gesto apunto a donde estaba el bastardo mal agradecido. Y con un giro sutil, al momento que el autobús pasaba, vi como el chico se colocaba las manos en donde supuestamente debía latir su corazón. Quedo inmóvil unos segundos, imperceptibles para cualquier ser viviente, menos para nosotros, después de todo el tiempo es nada en nuestro caso.

El autobús siguió de largo, ni siquiera se detuvo a ver que le pasaba al infeliz. Algo normal. Después de todo solo era un ser humano el que conducía, no hay que esperar grandes cosas de él. Al final, el chico cayó al piso muerto. Todo en menos de 15 segundos para los humanos, mas nosotros lo apreciamos como si fueran horas. El dolor, la tristeza, la realidad golpeándolo.
Nuestro trabajo.
Mire al denominado ángel frente a mi reprobatoriamente, yo soy su superior, tengo setecientos añas mas que el por favor. ¿Quién se cree para alejarme de la poca diversión que tuve en este día? Pensaba acabarlo lentamente, quizás una hora o algo así de sufrimiento, no solo unos segundos.

Me libere del agarre totalmente, y camine hacia la nada. No tenía ganas de regresar el tiempo y jugar otra vez, tenía una lista para hoy y tenia que cumplirla.
Al final de todo entre el bien y el mal, existo, existimos.
No por nada somos los seres de la muerte, el arma de los inmortales, el mito para los mortales, los seres que jamás pedimos esto.
Se podría decir que soy uno de los puntos intermedios entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo debido.
Solo hago mi labor, el que disfrute de hacerlo… no es gran problema, de cualquier manera, las palabras de ese ser que ese día me salvo, debería decir seres… nunca me prohibieron hacer lo que quisiera.

“Ángel Infernal, Aztirey. Serás un ángel de la muerte, pero no solo trabajaras para mí, eres la mano izquierda de lucifer, el ser que controlara a los demás, solo te pido que juzgues bien antes de llevar a cabo tu trabajo. Tu labor es desterrar de la tierra a quienes ya no pueden estar, el tiempo es tu aliado, lo puedes usar a tu antojo, solo recuerda que como le sirves a el me sirves a mi… nos sirves a nosotros”

Le sirvo a la luz, le sirvo a la oscuridad. Que estupidez más grande.

Soy un ser del mal, no por nada fui humana. Disfruto del dolor de los demás, soy un ángel infernal, la belleza y la maldad, soy Samanta, conocida como Aztirey, el ángel que todo lo ve. En estos momentos se podría decir, que Gabriel y Samael, tendrían envidia de mi poder, si existieran de igual manera en estos momentos.

Samanta. Lindo nombre, por suerte la hija de ese bastardo asesino, lo pronuncio antes de morir, se podría decir que lo guardo como condena, ya que esa pequeña no debía morir. De no haberlo hecho, fuera otro más como Daniel. Sonreí. Recuerdo el día que me toco reclutarlo. El mismo día que deje de ser casta y pura. Más jamás sentiría algo más que atracción, eso seria ser humana de nuevo. Y después de todo no lo soy.

Aztirey, Samanta el ángel infernal, la comandante de las tropas de Satán, el general de los Ángeles de Dios, el ser que no quieres cerca de ti. Pero que de igual manera estaré, solo es cuestión de tiempo o de mi humor…

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