Doctrina de vida

Mis sentimientos hacia ti no han cambiado,
siempre te he querido te he amado,
pero todo con el tiempo permuta,
se transforma o simplemente se acopla a bruscas sombras,
que desgarran almas puras y llenas de demoras.
Esperas dulces noches y bellos días,
caricias certeras que surquen las venas,
trampas febriles de noches en vela.
Añoras verdes miradas cargadas de pasiones gratas.
Tormentas de sabanas y cómplices caricias tatuadas.
Doctrinas el tiempo con candentes blasfemias,
mientras dejas cargar a los demás con toda pena,
suspirando paciente entre bambalinas de dudosa condena,
negando con la cabeza ante semblantes valientes y gestos ausentes,
congestionados por temibles dolores patentes.
Así muere lo más dulce y tierno,
así minas las cadenas del deseo,
así es cómo todo torna a corrientes decadentes
que lo menos que parecen
son sinceras líneas de amor y color ardiente.
Tú aunque no lo creas,
no eres el único culpable de esta pena,
tú siempre pareciendo tan insigne y conspicuo,
no eres el único que cree en mariposas de tenue piel brumosa,
alejado de tu misma gema esposa.
Agredes conscientemente la base de mi cuello,
ejerciendo esa presión que me deja sin resuello,
martilleando fuertemente las fibras de los músculos
que visten mis huesos y rellenan mi cuerpo ahora inconcluso.
Como dijo aquel hombre que descansa en tierra fértil,
no dejes que lo bello que adorna tu vida,
se extinga como vulgar y débil concubina.
Atesora y cuida tus posesiones más ricas,
así podrás llegar hasta el final de tus días,
con sonrisa agradable, llena de luz y de vida.

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