NO RECOMENDADO PARA MENORES DE 18 AÑOS

Mediocridad

Salas llenas de filtros y desorden eran lo que bordeaban las inmediaciones de la clínica en la que ella se ajusticiaba con el enemigo. Dichas salas tenían ese olor fraguado y rechinado, que sale de los cogollos del fregadero que nadie limpia asiduamente, de lejía ausente y restriego omitido. Masticaba su propia incertidumbre, cantaba melodías bajas, sabía que todo era producto de su imaginación y aún así no quería estar en el exterior. Los charcos de la clínica tocaban privados y disconformes sus dedos inferiores, agudeza y tibieza que dejaba claro que eran charcos jóvenes. Una grieta en su epidermis graznaba bruta en sus plantas, recibiendo opositora el escozor que ocasionaba el orín de dicho fangal, reventando de puntilloso dolor. Era plasta inerte y carente de movimiento el pelo en su cuello. Allí había vertido su querido compañero el semen ordinario en esta última vez. Paso su mano amoratada y púrpura en el dorso, por toda la extensión de su ojo. No debió hacerlo, no fue en absoluto buena idea juntar los desechos de sus dedos con el jugo de su vista. Ahora el prurito le traspasaba la cornea y el pie al tiempo. Agredía con uñas rancias la desazón de dichos puntos, lastima que no servía de nada, cada vez más rabiosa la imperiosa necesidad de arrancar el cacho de piel rémora. Miró fija el instrumento olvidado por Diego, aquel escalpelo que había sentido tantas y tantas veces hacía meses en su cuello y entrepierna, sonrió profundamente y con sorna, hasta que arrastrándose por el firme, lo alcanzó y asió fuerte por el mango. Agarró la zona de desgarro y con un tirón tónico rebanó el apéndice dejando la piel blanquecina en los bordes y a segundos de convertirse en fuente de magenta chorreante. El dedo cayó al suelo rodando. Una lágrima aterrizó en la comisura alzada de su rictus delirante y paranoico. Sacó la lengua y bebió dicha gota salada, mientras apretaba los ojos, arañando sus pupilas con la tierra allí metida, arrastrada por parpados helados. Pero ya no le escocia, el pie había tomado protagonismo dentro de la cadena de mando de su sistema nervioso. Miro la hoja dentada de la lanceta y ampliando imposiblemente su bucal mueca, la hundió en su costado, mientras que un suspiro desgarrado traspasaba los deformes huecos de sus dientes apretados y expuestos.
El pie no dolía. El ojo no escocía. La cabeza no la sentía. El coño no supuraba. Las manos no temblaban. La respiración era entrecortada. El día había terminado. La vida había dejado de doler, de importar. Al fin era libre y libre se sentía. Al fin podría volver a su cama sin preguntarse otra vez más: ¿Cuándo me vendrá Diego a violar?

______________________

Feliz fin de semana e inicio de esta que viene de fiestas
Besos para todos, mis soles, por favor pedirlos del sabor que más os guste que estoy benevolente y generosa, jeje

Anuncios