Imagen de portada Marcos DK
Para leer el capitulo 1, en la columna de la derecha del blog

En tierra de confidentes

Parte II

En constante agitación removía su cuerpo contra el suelo, peleaba con las cadenas que le tenían amarrado a aquella húmeda celda.

Todavía no entendía cómo le habían apresado, era una magia extraña la que ahora poseía el diabólico Imperiador, pensaba Dokan. No recordaba con anterioridad momento en el que se encontrara con tan poca fuerza y potencia, esos hierros que lo tenían preso no serían impedimento para él, si no fuese por algún extraño hechizo.

Dokan era un hombre de gran envergadura, de fuertes músculos forjados por tantas y tantas batallas vertidas en su piel; pelo oscuro y lacio, unos ojos suspicaces que irradiaban un brillo infantil, rasgo que contrastaba con sus enormes dimensiones. De inteligencia sublime y poseedor de un sexto sentido para la deducción y estrategia, debido a eso había ganado todas y cada una de las guerras en las que había participado.

Un escalofrío recorrió su columna, cuando rememoró las visiones que horas antes le había mostrado su secuestrador como ciertas. Había contemplado a su dama, su única amiga y confidente, muerta en la fortaleza en la que ahora se encontraba. Ella, con el cuerpo desecho y magullado, el gesto de sus facciones devastador, y su cuerpo presentaba una pose poco natural, con la espalda arqueada subyugada a un potro de torturas.

Había perdido la cabeza, se había vuelto loco, convirtiendo su corazón en millones de fragmentos hirientes como cristales que le aguijoneaban el pecho. Gracias a uno de los guardias que custodiaban su encierro, había escuchado una conversación que sabía perfectamente no era digna de sus oídos. Su bella Sacerdotisa estaba aún viva y esas falsas visiones en su mente solo eran meras artimañas para conseguir apresarle. Por desgracia el plan del Imperiador había dado sus frutos y ahora estaba hundido en la desesperación, totalmente consciente de que Airuin vendría en su ayuda.

Pero Dokan no podía pensar con claridad, si le habían podido confundir a él con tamañas mentiras ilusorias, dudaba que no le hicieran el mismo sortilegio a su dama y compañera de partida.

La relación con ella siempre había sido meramente profesional, un guerrero de su talla tenía claramente prohibida cualquier aproximación sentimental con una Sacerdotisa como lo era su amiga. Incluso él bien sabía que esa cercanía que se tenían, esa complicidad, estaba casi rozando lo vedado.

Llevaban muchos años conociéndose, centenares de años, ya había perdido la cuenta. Con un inicio de su relación algo turbio, cuando su antiguo jefe de escuadrón, el General Slander, le había mandado matar a una joven muchacha, que auguraban las Sagradas Escrituras sería la más poderosa de todas las criaturas del reino de Krond.

Como buen guerrero y el mejor en su trabajo, bien sea dicho, aceptó la tarea, pensando que sería de suma facilidad llevarla a cabo. Pero qué equivocado estaba, al ver los ojos verdemiel de la muchacha en cuestión, esa mirada de inocencia recubierta de inteligencia, le hizo dar un paso atrás de inmediato, incumpliendo sus órdenes y desterrándose de por vida del mundo de guerra en el que estaba metido.

Pasó a ser en un segundo el guardián de aquella futura reina del mundo. Y daba gracias que así hubiera sido, ya que con los años descubrió que verdaderamente Airuin era una muy buena líder para el pueblo de Anteón.

Con el tiempo la niña creció y él siguió a su lado, como una mano amiga a la que acudir siempre que ella lo requería, pero los sentimientos empezaron a aflorar entre ambos, un respeto y cariño inusitados, que hicieron lo contrario de lo que en cualquier otra especie se hubiese despertado, ocasionando su separación.

Airuin le mandó lejos, a vigilar y guardar las tierras más alejadas, las del norte del reino, donde él sería sus ojos y manos, donde la distancia entre ellos fuese siempre un buen presagio.

Hablaban todos los días gracias a uno de los dones de la Sacerdotisa, tenían una comunicación siempre fluida y se lo contaban todo, así era más fácil sobrevivir, seguir adelante. Para Dokan ya no había nada más en el mundo que su trabajo a las órdenes de su dama, de su confidente.

En una ocasión, la Sacerdotisa le preguntó cómo no había buscado una buena mujer para acompañar sus días, a lo que él contestó con la misma pregunta, y los dos como tontos rieron, sabiendo que jamás lograrían poder meter a nadie dentro de sus corazones, estos ya se encontraban a su aforo máximo.

Sonrío sin ganas al recordarlo, mientras una vez más se debatía contra las cadenas que lo apresaban. Tenía que escapar de este lugar si quería avisar a Airuin de que todo era una trampa.

Una idea le traspasó la cabeza, ¿Y si a la Sacerdotisa le mostraban la misma imagen que a él le había llevado a estar en este lugar? No podía pensar en algo tan atroz, si Airuin contemplaba algo así, a un Dokan muerto y desmembrado, se desataría en ella una furia que nublaría su vista, terminando pues del mismo modo que lo había hecho él.

Sintió unos ruidos a su espalda, pasos firmes que se aproximaban a su celda. Uno de los guardias le habló, con el tono de voz compungido, quebrado, aunque intentando ocultarlo detrás de un gesto enardecido.
Venía a llevarlo hasta su captor y eso era una muy buena noticia, todo lo que significase estar fuera de esa celda y con posibilidad de escapar, era buen dato.

Nada más poner un pie fuera del calabozo su cuerpo se quebró, sintiendo como toda la fuerza descomunal que siempre le acompañaba, emigraba de él sin contemplaciones, se sentía enfermo y débil. Dos de los guardias, a los que en otras circunstancias ya habría dejado con el cuello roto o agonizantes en el suelo, le cogieron de los brazos, dándole el apoyo que jamás en sus centenares de años de vida había necesitado.

Le condujeron por los pasillos de aquellas cloacas hasta estar frente a un gran portón metálico. Al abrirse este, mostró una sala enorme, al fondo se encontraba un trono elevado donde le esperaba el miserable que pronto acabaría muerto entre sus manos, o eso era lo que Dokan pensaba mientras andaba a paso ligero a su encuentro, siendo después obligado a postrarse a los pies del Imperiador.

____________________________

Espero que lo hayais disfrutado, en el proximo, mucha lucha y algún que otro secreto revelado
Besos para todos y gracias por seguir esta historia.

Anuncios