Cita esperada

Ansiedad, locura, nerviosismo. Aturdido derecho de pernada. Sentencia de examen y estudio transeúnte. Calor genital y desasosiego carnal inusitado. Cada dos centímetros de mi cuerpo se estrechaban los poros y contraían los vellos. Le esperaba desde hacía días y sentía un abismo bajo mi pétreo organismo, uno jamás antes concebido. ¿Sería quizás el sentimiento de algarabía y estremecimiento mutuo? Algo en mi interior me decía que quizás no fuese buena idea este encuentro laberíntico y programado.
Las preocupaciones se disiparon como rocío al medio día, cuando sus ojos se untaron en mi anatomía, cuando sus manos cruzaron trémulas la piel caótica de mi cuello, acto organizado para aproximar sus labios, bordando con hilo dorado los míos, abiertos y codiciosos de ser comidos por lengua de fuego y saliva de vino.
No hubo palabras, no hubo dichos. No eran necesarios prólogos inaugurales, ni manifestaciones de saludos cordiales. Ya nos habíamos contado todo, semanas de tertulias comitivas y calientes noches de soledad autocomplaciente, con su cara en mi mente y su cuerpo no latente. Ahora era el momento, ahora el sitio y el lugar predicho, ahora éramos él y yo y nuestro amor enfebrecido.
Sus manos expertas en arquitectura y líneas masculinas, me obsequiaban toques musicales de notas esculturales, mientras sus dedos detectivescos se colaban por mi baja espalda y mis músculos traseros. Dejó el hueco aproximado, ensanchado y predispuesto, excitado y anhelante, deseando ser agredido y perpetrado por su miembro. Besos en mi piel, caricias excitadas que dejaban ya de ser las vergüenzas visibles de nuestra cama, mientras dando la vuelta a mi cuerpo, abrazó mi cintura con deseo y jadeando palabras llanas y esenciales, incursionaba dentro con su sexo, dentro de mi alma y sueño. Agarré sus muslos, apreté mi cuerpo, friccioné mis carnes contra sus rizos pubicos, mientras por la boca de ambos se extendía una mueca de felicidad y bienestar ciclópeo. Suspiros corrosivos, lamentos entre dientes y grandes gritos de placer ardiente, antesala del inicio del orgasmo compartido, llenando mi vientre de su fino calor líquido.
No me abandones amor mío, no dejes que me queme sin regocijo, ya no quiero más noches de soledad sin tu periplo, sin saber lo que es tener sexo contigo, sin saborear lo que tu cuerpo tiene escondido. Te quiero amante mío, te quiero ante todo pronóstico. Dos hombres unidos por el bello son de la canción más estética y elevada. Porque años he tardado en encontrarte, pero ahora te advierto que tú siempre serás mío.

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Este relato de hoy es especial, es un pequeño obsequio de cumpleaños para mi amigo Observatorio gay granatense, que hoy día 26 cumple añitos, se nos hace mayor mi niño, jeje
Un beso guapo y me alegra muchísimo que te haya gustado, como te dije, en mi línea, jeje
Y que cumplas muchísimos más.

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