Celos

Sé que la mira, que piensa en ella como piensa en mí, quizás más. Sé que se toca con su imagen mental y no con la mía. A veces los imagino en el salón de mí casa, comiéndose, revueltos y sin compasión por fracturar los corazones que ahora destrozan. Miro su teléfono y ahí están las llamadas, los mensajes, aparentemente profesionales, pero a veces no los entiendo, a veces son demasiado técnicos. ¿No sería mejor tratar ciertas cosas en el trabajo en vez de por un mensaje? Eso me hace sospechar sobre conversaciones encriptadas, traducciones sexuales y libidinosas, confabulación y engaño. Quiero conocerla, quiero saber cómo es; solo sé su nombre y estoy harta de ponerle cara imaginaria, cara de puta de porno barato. Porque seguro es una diosa, una mujer de bandera que tiene para poderse follar a todos los hombres que quiera y aún así se ha fijado en el mío; aunque por otro lado, ¿quién no se fijaría? El sexo no mengua, no retrocede, incluso diría que se ha incrementado, será porque todavía están haciendo la cama y cuando me penetra antepone su cara a la mía; eso mejor no saberlo porque no lo soportaría. Llevo semanas sin dormir, sin saber qué hacer, sin poder mirar sus ojos directamente. Creo que debo dejarlo escapar, dejar que cumpla lo que en su cabeza haya trazado; seré una desdichada si no termino con esto; ser la que se aparta a tiempo y huye (si lo prefieres) con el rabo entre las piernas, antes de recibir un desprecio mayor. Tengo miedo. Estoy muy asustada, mi castillo de naipes tiende a balancearse y no veo puntales que colocarle. Grito. Lloro. Lo veo negro y de color de puro estorbo ante mis ojos, porque no sé cuánto más aguantarás sin ser sincero y decirme que me dejas, confesarme que ya no sientes lo mismo por mí, que te has enamorado de otra, o incluso aún peor, que aunque me quieres lo nuestro ya no funciona. Quiero morir con saliva en mi boca, ahogarme con ella, quiero que sean mis fluidos los que me quitan el aire y no el veneno que podría dejar salir si me concentrase, quiero que mi personalidad no cambie, ser la misma de ahora en adelante, no perderme a pesar de lo que me hayas hecho, no ser una maldita celosa y vengativa demente. Estoy aterrada. Sé que me engañas, lo siento por dentro, sé que pronto me vendrás con el cuento y mi corazón al fin morirá en el intento de ser de nuevo uno entero. Amor… vida… pero si yo solo te quiero. Ese es mi pecado, ese es mi encierro y también mi tormento.

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