El hombre valiente

Él núnca llora, es fuerte, enérgico, es todo un hombre que sabe lidiar contra lo que quiera placarle. Su estatura es el perfecto prólogo que anuncia que jamás podrás con él, de facciones marcadas, músculos pagados cinco horas diarias seis días a la semana, bajo kilos de metal prensado y elevado por manos callosas, trabajadas en la fragua de su diario cotidiano. Los ojos entrecerrados y la mirada perdida en alguna mujer bien provista. Eso es, un hombre de bandera, de pelo en pecho e invencible, estoico, valiente, viril. Que apretó su mandíbula con la muerte prematura de su padre sin mojar en ningún momento sus mejillas, que volvió la cara hacia terrenos más relajados cuando su pobre madre sufría dolores esperando su descanso eterno y su vendito agradecimiento por una vida entregada a los demás, a él. Y allí estaba, entero, erguido, potente, un hombre al fin y al cabo valiente. Porque él núnca llora.
¿Y ahora? Está guarecido bajo los brazos de su amigo, cubierto por telas de colores y llenas de vitalidad, coreando con la muchedumbre que lo arropa y acompaña en tan felices momentos de su vida. Ahora con la cara cubierta de esa agua salada y caliente, esos ojos hinchados y febriles, con las fosas nasales llenas y el corazón rebosante de emoción. Al parecer este hombre valiente si tenía en perfecto estado sus lacrimales, al parecer solo había que buscar algo que realmente llegara hasta su corazón. Y es que para el galán imperturbable y ecuánime hay una criptonita que hace que se ablande. Por fin su equipo del alma, sus jugadores de futbol favoritos, sus compañeros de domingos en gritos han llegado a esa final que durante años se les había resistido.
Curioso como en esta vida algunos usan sus escasas lagrimas vertidas ¿no?

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Espero que os haya gustado, un beso compañeros ;D

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