Pasar vergüenza

Un niño de seis años llega a un establecimiento publico acompañado de su padre y su madre, el niño mientras espera que atiendan a sus progenitores empieza a cantar canciones del colegio y chistes quizás no tan de colegio; de repente se le ocurre una idea para hacer gracia y que el tendero se ria un poco, empieza a hacerse fuertes pedorretas en el brazo mientras dice: así suenan los pedos de mi papá, hace otra pedorreta esta vez un poco menos fuerte y dice: así suenan los pedos de mi mamá, hace otro de esos ruidos “chistosos” en su brazo y grita: así es como suenan los pedos de mi hermano, y por último hace una sonora pedorreta más y dice: y así es como suenan mis pedos. El niño se empieza a reír mientras la gente le mira con ojos risueños y sonrisas a media asta, pensando que a esa edad las ocurrencias de los pequeños son siempre graciosas. El niño al ver que ha surtido efecto su broma, empieza a repetir la actuación y sigue haciéndose pedorretas en el brazo, hasta que su madre se gira a mirarlo y dice: no, cariño, cuando tú te ríes por lo bajini y todos tenemos que salir corriendo de la habitación, es cuando sabemos que te tiraste un pedo, porque no serán sonoros, pero hay que ver como huelen. Al parecer la vergüenza esta vez, no la han terminado pasando los padres de la criatura.

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