Día de circo

— Bienvenidos niñas y niños a este día de circo, donde todo puede pasar. ¡Abrid bien los ojos y agudizar vuestros oídos para no perder detalle, porque el siguiente espectáculo será inolvidable!
Todos los estudiantes del colegio Cervantes aplaudían al unísono mientras el presentador voceaba su rayado discurso a pleno pulmón. Con los brazos extendidos miraba al público desde el centro de la pista, regalando a los pequeños espectadores una sonrisa sobreactuada.
En el patio de butacas semicircular estaban sentados todos los alumnos, con una gran peculiaridad, y es que la mitad de ellos tan solo tenían cinco añitos, mientras que la otra mitad eran ya adolescentes de catorce. Al parecer los justificantes de las clases intermedias habían desparecido misteriosamente, por lo que los profesores encargados de la supervisión de la excursión optaron posponer para otro día al resto de cursos.
La función iba según lo previsto, primero salían a escena los payasos para caldear el ambiente y provocar que la muchedumbre riera ante tanta filigrana y acrobacia mal sincronizada. Un payaso de pelo afro y azul chillón, hacía las veces de paso de cebra, mientras que el resto de cómicos paseaban sobre su abdomen, y cada vez que esto ocurría, el hombre chupa-chups azulado despedía una fuente de agua verdosa de su boca, cayéndole de nuevo en la cara al descender.
De repente un fuerte estruendo salió de las bambalinas. Algunos payasos absortos en su número no apreciaron tal sonido, en cambio otros se miraron extrañados, preguntándose qué habría pasado tras el telón de fondo.
Todo parecía estar en orden, la función debía continuar.
Los trapecistas fueron los siguientes en mostrar su impresionante habilidad sobre la cuerda floja. Saltaban sin red al vacío para caer en manos de algún compañero, mostrando convicción y seguridad.
Algunos de los chicos de mayor edad del grupo estudiantil, repetidores seguramente, silbaban y gritaban impertinencias a las acróbatas escasas de ropa, al tiempo que los profesores a su cuidado les reprendían sin conseguir resultados.
Había llegado el tiempo de los animales más feroces, una jaula inmensa y de aspecto robusto, bajó de las alturas, colgada de gruesos cables. Nadie entendía cómo no habían visto aquel gigantesco artilugio con anterioridad, era como si se hubiese materializado en el aire.
Los niños mas pequeños empezaron a chillar ensordecedoramente, vocecillas agudas que perforaban los tímpanos, al comprobar que la jaula que bajaba del techo de lona no tenía puerta, y dentro se encontraba un animal muy peligroso. Incluso los cuidadores de la excursión quedaron estupefactos ante tamaña locura. Si aquella bestia lograba saltar a las gradas, que estaban a pie de pista con total accesibilidad, ocurriría una catástrofe.
El hombre que había presentado el show salió corriendo como alma que lleva el diablo, y se encaramó a la jaula, intentando cerrar la puerta corredera de la misma.
— ¡Subidla de nuevo! — Gritaba el presentador encolerizado e intentando que su mano no terminará dentro de la boca del animal.
Los payasos intentaban que la gente no se moviera de sus asientos, advirtiéndoles de que si corrían pondrían más nervioso al bicho.
Dos domadores armados con un látigo y una fusta entre las manos, se acercaron con sigilo a la jaula colgante.
La enorme bestia de más de dos metros de altura saltó fuera de su cárcel, y mirando a los domadores como si fuesen comida, se lanzó contra ellos, devorándoles la cabeza en un solo movimiento.
Los payasos ahora convertidos en estatuas de piedra, seguían con las manos alzadas pidiendo calma, postura en la que se habían quedado cuando el animal mató a aquellos hombres.
Los profesores aferraban fuertemente los cuerpecitos de los niños mas próximos a ellos, intentando inútilmente protegerles de lo que vendría a continuación. La masacre era inminente.
Una preciosa niña de cabellos cobrizos y piel clara, se puso de pie entre el publico aterrorizado. Sonriendo abiertamente empezó a bajar por las escaleras, ignorando las voces a sus espaldas y esquivando el agarre de los compañeros junto a los que pasaba.
El terrible monstruo se giró sobre si mismo y encaró al presentador, que terminó con idéntica suerte que los dos domadores descabezados.
Aun viendo esto, la pequeña pelirroja continuaba su avance hacia la criatura asesina, ahora con las manos extendidas como para dar un amistoso abrazo al animal.
El payaso de pelo añil agarró a la muchachita por la cintura e intentó llevarla de nuevo junto con sus tutores, pero al parecer a ella no le hacía gracias que aquel hombre la tocara. Puso sus tiernas manitas en las maquilladas mejillas, obligandolo a torcer la cabeza hasta encontrarse con sus ojos.
— Bájame, yo puedo solucionar esto — dijo la pequeña con seguridad.
Por algún extraño motivo, o a causa de lo caótico de la situación, el payaso creyó las palabras de la niña y como si estuviese hipnotizado la puso de nuevo en el suelo, dejándola libre.
Dirigía sus cortos pasitos hacía la bestia, teniendo que saltar por encima del cuerpo de uno de los domadores que reposaba sobre un gran charco de sangre. Al llegar junto al bicho en cuestión, le tocó la cola, y esperó a que el animal se diera la vuelta, con las manos cogidas a la espalda y sacando pecho.
— No te preocupes, ya ha pasado todo, no tienes que ponerte nervioso.
El animal la miró por un instante con ojos hambrientos, y abrió las fauces amenazante frente a ella. Intimidándola.
— He cerrado todas las salidas y nadie podrá escapar de aquí. Traje a los más mayores para tí. A los pequeños me los quedo yo. Por si no lo recuerdas, ese era el trato. Te dije que no sería tan difícil conseguir gran cantidad de comida y he cumplido con mi cometido, ahora me debes un viaje, recuérdalo.
El dragón desplegó sus alas escondidas hasta el momento entre las escamas y sonrió de lado a la pequeña maquinadora del plan. Estaba seguro de que por lo de hoy tendría que hacer multitud de favores a la dichosa y caprichosa demonio.
El dragón sacó su bífida lengua a modo de burla y ella se carcajeó en respuesta. “Las próximas semanas serán muy divertidas” pensó la pelirroja.
Al menos esta vez el reptil comería un verdadero festín de cumpleaños.

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Como veis ya estoy de vuelta, la compañía telefonica ha sido un verdadero coñazo, pero al menos conseguí lo que quería, que a veces es un robo a mano armada. Un besote para tod@s y gracias por pasar por aquí.

P.D. He tenido varios comentarios durante estos días, sobre el concurso. Y os lo aclaro a todos: no es un concurso de relatos como el año pasado, es un sorteo en el que solo hay que poner un comentario y mandar un mail con vuestro nombre. Sé que muchos no se han animado a participar pensando que había que escribir un relato como el año pasado. Para los interesados marquen la tecla tres y asterisco….no, no, que eso era otra cosa jajajaja. Mejor pinchar la foto del concurso de la cabecera del blog ;P
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